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VOZ UNIVERSITARIA

Debate en Granma

Parece ser que el artículo Sería imperdonable que hipotecáramos el futuro, de Lázaro Barredo, publicado en Granma, ha despertado una serie de opiniones y criterios de los lectores que quisiera recoger aquí y de paso, invitar a quien quiere seguir este debate, en Granma y en este blog... a continuación, reproduzco el artículo y algunas respuestas...

Sería imperdonable que hipotecáramos el futuro

Lázaro Barredo Medina

La sed en el desierto genera espejismos y hacen falta más que oasis para calmarla.

Observo con preocupación que algunas personas están a la espera de que el anuncio de determinadas medidas resuelvan de por sí, de ahora para ahorita, necesidades domésticas acumuladas, espirituales o que tengan un reflejo automático en el consumo.

Una cosa será encarar el despeje de algunas medidas relacionadas con las llamadas "prohibiciones", como puede ser, por ejemplo, el acceso al turismo, la venta de equipos, y otra, digamos que el asunto de la doble moneda, donde debemos avanzar en su solución pero cuyas complejidades son enormes, o seguir creyendo que todo se puede dilucidar aumentando salarios sin contrapartida material.

Como han pasado poco más de 20 años desde que se adoptó la política del turismo internacional, considero imprescindible recordar que la industria turística alcanzó su mayor desarrollo en la Revolución para facilitar el pleno acceso de los cubanos. La prioridad al turismo foráneo (aun cuando se han mantenido algunas capacidades para nacionales) fue el resultado de una situación crítica del país, que se asumió por la propia dirección revolucionaria a regañadientes y a sabiendas de que siempre generaría incomprensiones y resquemores.

Pero no había otra alternativa y obedeció a hechos económicos incuestionables.

Descalabrado el mercado natural que teníamos con los países socialistas y la Unión Soviética, recrudecida la guerra económica con nuevas medidas extraterritoriales yankis a partir de la ley Torricelli, junto a la obsesiva política de procurar nuestro aislamiento internacional, coyunturas que dieron paso a la severa crisis que hemos llamado periodo especial, ¿de dónde podía el país obtener de manera rápida más divisas para acrecentar los recursos que permitieran adquirir los bienes materiales indispensables, preservar en cierta manera la industria nacional y no renunciar a los planes de desarrollo, en momentos además que como nación exportadora de materias primas los precios internacionales han estado alterados constantemente?

Junto a ello, estuvieron presentes además otras muchas consideraciones de limitación del acceso y entre ellas una de fuerza mayor: el deseo de evitar la desigualdad en una sociedad marcadamente igualitarista.

Las circunstancias de este momento son diferentes y ese es el análisis que hoy quizás se esté ponderando con otra óptica más ajustada a la realidad.

Ahora, "el pollo de nuestro arroz con pollo" se reduce a una ecuación matemática: no es posible esperar a que se resuelvan más necesidades si no se trabaja más, si no se produce más.

Por eso es elemental comprender que la dirección del país no puede decir de hoy para mañana que desaparece la doble moneda, que tuvimos que adoptar como algo perentorio cuando empezamos a buscar fórmulas propias para remontar el momento más crítico y agudo del periodo especial.

Si se despenalizaba la tenencia de divisas, si se daban pasos positivos en la relación con la comunidad cubana en el exterior y el envío de remesas, si se adoptaban formas de propiedad y empleo con la creación de las empresas mixtas y se ampliaba el marco de cooperación internacional en diversos sectores económicos, sociales, culturales y deportivos, era imprescindible contar con un peso convertible que tuviera cada vez mayor fuerza como moneda nacional, mucho más después que desterramos el dólar.

No hay que ser experto para plantearse qué es lo que le da valía a una moneda, como no sea el valor productivo, de servicios o de otra índole financiera que la respaldan.

En nuestro colectivo nos hemos planteado varias veces la hipótesis de qué pasaría si se dice que mañana desaparece la doble moneda. No hay que ser sabio para imaginarse que la gente arrasaría de inmediato con los mercados, ¿y después, qué?

Indudablemente, lo esencial para que mejoren los servicios, para que mejore el consumo, es que haya productos y recursos. Y esos no caerán del cielo, surgirán del trabajo y que gane más salario el que más produzca.

Y desgraciadamente hay un segmento no despreciable en nuestra sociedad que no tiene en el centro de sus inquietudes la mentalidad de productores, quieren vivir sin trabajar y consideran que meroliqueando lo van a tener todo a cuenta de los demás.

Nuestro legítimo afán por vivir mejor estará siempre condicionado por el desarrollo económico que alcancemos.

He ahí lo imprescindible de que la esfera productiva aporte más, con eficiencia y calidad y que evitemos el gasto de miles de millones de dólares en importaciones y así ayudar a recuperar la industria nacional.

El grueso de lo que se vende en las tiendas en divisas no es de nuestra industria nacional, es importado: también la mayor parte de lo que se consume en los servicios turísticos es importado, hasta vegetales hubo que importar en un momento determinado en un embarque aéreo que un compañero llamó un día como el vuelo de la indignidad, y muchos olvidan que buena parte de lo que consumimos en nuestra subsidiada canasta básica familiar, proviene igualmente de las compras en el exterior y cada vez más caras.

No menos importante es que la actividad presupuestada combata sin tregua la mentalidad gastadora que tenemos en muchos lugares y que es un despilfarro de recursos al no establecerse por las administraciones las normas de gastos elementales.

Si uno se fija, en el discurso administrativo, salvo excepciones, no se escucha que en el centro de las preocupaciones esté la productividad del trabajo, los costos, el rendimiento, mientras en el ahorro siguen predominando la formalidad y el consignismo. Así no avanzaremos.

Este carro tiene gasolina para rato, pero tenemos que halar parejo. La nación no puede seguir gastando tanto dinero y comprometer su balanza de pagos. Sería imperdonable que por nuestra inercia hipotecáramos el futuro.

La correspondencia se multiplicó en los últimos días con llamadas telefónicas, cartas y mensajes electrónicos de muchos lectores en torno a la publicación el pasado viernes del comentario Sería imperdonable que hipotecáramos el futuro. A partir de la diversidad de criterios y preocupaciones sobre los temas económicos, publicamos hoy tres opiniones, con las que se puede estar o no de acuerdo.
Imperdonable

Estimados compañeros de Granma:
Es cierto que a ustedes les toca informar, pero pienso que otros debían partir lanzas y dar sus opiniones e ideas, sobre todo educativas, como lo que explicaron en el periódico del pasado viernes. No puede ser que dejemos solo a Raúl para hacer la necesaria labor educativa; ustedes saben bien lo que la población planteó, y por lo que a mí llega, hace falta mucha, muchísima educación económica...
Insisto que funcionarios conocedores de finanzas, economía y el banco tienen que salir a explicar y hasta correr el riesgo de no resultar simpáticos. Los felicito, pero también aprovecho para reiterar que se tiene que hacer más por muchos otros.
W. Rodríguez

Desacuerdo
Hace ya varios días leí en Granma un artículo (Sería imperdonable que hipotecáramos el futuro) en el que comentaba, entre otros un asuntos de interés, lo relativo a la posible eliminación de la doble moneda en Cuba. Cuando lo leí por primera vez no entendí lo que usted quería decir, pero luego de leerlo nuevamente y comentarlo en mi marco familiar llegué a la conclusión de que usted había hecho un enfoque que no es el que espera por lo menos una parte de la población que tenemos los pies sobre la tierra y que como nos ha dicho Raúl, no esperamos milagros.
El comentario sobre el particular es que para dejar de existir en la práctica la doble moneda para la población, en lo empresarial no sería así, bastaría con decirse que usted puede adquirir productos en las Tiendas recaudadoras de divisa pagando con las dos monedas y punto. No habría ninguna crisis, nadie vaciaría las tiendas y así de sencillo dejamos de tener dos monedas.
Si esto va aparejado a un fortalecimiento del CUP con la decisión de que el cambio sería a razón de 20 CUP por un CUC en lugar de los 25 que hay actualmente, mucho mejor, ya que esto significaría un aumento general de salarios para todo nuestro pueblo.
¿Qué pienso permitiría esto? Primero quitarnos de arriba la doble moneda y luego decidir si nos quedamos con los CUC (para mí mucho más confiables por su calidad) o con los CUP tradicionales. En el mundo ha sido práctica el cambiar la denominación de las monedas, así que no haríamos ninguna barrabasada. Lo hizo recientemente Venezuela.
A mí nunca me ha mortificado que los detractores de la Revolución nos acusen de ganar 20 CUC al mes, pues siempre he ripostado con lo que Fidel nos ha enseñado: no pago vivienda, ni servicios de salud, ni escuela para mis hijos y recibo una canasta subsidiada por el estado, que aunque realmente no alcanza (sobre todo en provincias, no tanto en la capital), nos ayuda a sortear los gastos. Incluso podríamos recibir nuestro salario en ambas monedas, previo acuerdo sindical.
En segundo lugar, y quiero que a esto le preste especial atención, nos ayudaría a comprender mejor los disparatados salarios que reciben los que tienen estimulación en CUC, que no es la mayoría de nuestro pueblo y de lo que se excluye la Educación y la Salud (para los que no han estado en misiones) respecto a otros que son estimulados con estas monedas en cuantías que superan, en muchas empresas, los 30 CUC mensuales. Además nos ayudaría a entender también por qué el flujo de trabajadores hacia esas labores, no siempre las más productivas ni las más necesarias, donde la dieta para salir fuera del municipio la reciben en CUC y en cantidades exageradas si se compara con las que recibimos los trabajadores del MINAZ o MINAGRI.
No deseo cansarlo ni ocupar su tiempo con más argumentos. Pienso que como persona inteligente con lo que he escrito tenga suficientes argumentos para comprender el porqué discrepo del enfoque dado por usted al asunto.
Muchas gracias.
Qué saber y qué hacer para no hipotecar nuestro futuro
Me parece que el tema abordado en el artículo, Sería imperdonable que hipotecáramos el futuro, da en la diana de la temática que más se trata a nivel de pueblo, la situación económica del país, en respuesta a incertidumbres, perspectivas y medidas para "arreglarla" a partir de las medidas que se manejan por los "economistas" populares, que hay tantos como "politólogos" y "médicos", porque así somos los cubanos, que también sabemos más de pelota que los árbitros...
Aunque yo encontré el artículo muy atinado y clarísimo en sus percepciones, me consta, porque hasta recibí una llamada de un familiar en el exterior que interpretó equivocadamente algo dicho en el artículo¼ que algunos tomaron el rábano por las hojas y no entendieron correctamente lo que hay que entender, en qué situación real estamos y cuáles son las perspectivas.
Hay tendencia al facilismo, la banalidad, la superficialidad en el conocimiento y enfoque de la realidad nacional, en particular la situación económica. Por otra parte, es muy difícil, por la complejidad del tema y los términos que explican los problemas económicos, entender y conocer con palabras accesibles y comprensibles para el ciudadano promedio lo que está pasando y sobre todo, lo que puede pasar¼
Oigo repetidamente a los que opinan que hay que "desaparecer la doble moneda" pero sin que nadie me sepa decir qué quieren lograr con eso, cuál moneda es la que tiene o va a desaparecer, cómo se va a hacer para que no se produzca un verdadero descalabro económico¼
No me considero economista para aventurar fórmulas, espero que los expertos lo estén pensando y analizando muy bien y cuando las cosas sucedan, afecten lo menos posible a los menos favorecidos, pues estoy consciente también de que hay desigualdad y capas con diferente poder adquisitivo en nuestra actual sociedad.
Otros hablan con ligereza de que "acaben de quitar la libreta, total para lo que dan", sin pensar lo que cuesta realmente comprar libremente un artículo de los que hoy se ofertan subsidiados y olvidando la protección que el Estado ha dado al pueblo con esa distribución equitativa...
Al menos los productos que me ofrecen actualmente por la libreta los puedo adquirir con mi pensión de jubilada, lo que no puedo decir de los productos del agro o de las shoppings.
Aprecio avidez por ver más bienes de consumo en las tiendas y me pregunto cual es el real poder adquisitivo de nuestra población, que continuamente se queja de que no tiene con que comprar esto o lo otro...no veo mentalidad de ahorro ni preocupación a pesar de lo que nos están alertando a diario, como la crisis económica internacional¼
Quiero sugerir a Granma que traten en otros artículos estos temas económicos que nos preocupan y afectan, qué consecuencias concretas, en nuestra realidad diaria y actual tienen ya o van a tener, los nefastos cambios derivados de la crisis de la economía mundial, para que tomemos mayor conciencia, adoptemos medidas a nuestro nivel, sepamos ya o lo que nos va a costar mas caro, o lo que no vamos a tener o lo que debemos cuidar y ahorrar¼
La idea esencial es exhortarlos a escribir más sobre estos tópicos especialmente tan polémicos.
M. Teran
J. R. R. Sánchez

Que se resuelva primero el salario
Quizás interpreté mal lo que decía usted, en su artículo "Sería imperdonable que hipotecáramos el futuro". Yo entendí que en general usted decía que si no producimos, no podemos esperar mejoras económicas en el país. Y que ese aumento de la producción, depende más bien de la actitud del pueblo hacia el trabajo, que de medidas que pueda tomar nuestro gobierno¼
Es cierto que existe este círculo vicioso: El bajo-salario conduce a que alguna gente no se sienta estimulada a trabajar; y como no trabajan no producen; y esto conduce a que no puedan tener buenos salarios (bis). Pero me asusta que se generalice la opinión de que el rompimiento de tal ciclo, deba ocurrir dada una toma de conciencia que artículos como el que usted escribió, generalizarían entre nuestra población. Me asusta porque suena a voluntarismo y a acomodamiento. Mi modesta opinión es que en efecto, el círculo no se puede romper aumentando los salarios pues eso solo crearía inflación. El círculo vicioso obviamente lo debemos romper produciendo más, pero ¿estimulados por qué? Porque el salario se corresponda con lo que cada cual produce. No se estaría distorsionando el socialismo sino que por el contrario, se estaría cumpliendo con uno de sus principales postulados.
Por tanto creo que sí, que debe ser nuestro gobierno el que dé los pasos pertinentes para que el salario se corresponda con el aporte del individuo como paso básico para aumentar la producción, los salarios y el nivel de vida material y espiritual de nuestro pueblo.
M. Ángel


Lo principal es explotar la tierra
He leído con detenimiento los artículos publicados en Granma relacionados con la problemática económica de nuestro país¼
Estudié en la URSS, y terminé mis estudios en el 69, pude ver los esfuerzos en la construcción del socialismo en el grupo de países que la conformaban. Después tuve la suerte de ir prácticamente cada dos o tres años por motivos de trabajo, y vi cómo la sociedad se iba deteriorando y perdiendo los valores que había conquistado, se notaba la corrupción en todas partes... bueno, no es eso lo que quiero analizar.
Yo pienso que en Cuba no podrá materializarse un cambio sustancial en la economía ni resolverse el diferendo entre las dos monedas¼ si no se explota la verdadera riqueza que tenemos que es nuestra tierra, que es la agricultura, hasta que no se resuelva eso, que haya viandas, legumbres, frijoles, arroz, carne de todo tipo, leche y sus derivados, etc., que se resuelva literalmente el problema de la alimentación en Cuba a precios razonables, pero razonables de verdad, porque hoy le llaman precios asequibles a una libra de carne de puerco a 25 o 20 pesos cubanos o que una libra de tomate cueste 4 o 5 pesos, esos no son precios razonables, ni asequibles.
Pues bien, a mi juicio hay que cambiar la política en ese sentido, liberar los precios, estimular a los productores, no fiscalizar tanto, no tenerles miedo a los intermediarios —comerciales que faciliten la transportación del producto— etc. Esta abundancia de alimentos, de alcanzarse, provocaría la disminución de los precios y liberaría al país de invertir dinero en la compra de alimentos y podría utilizarlo en la compra de ropa, equipos electrodomésticos, construcción de viviendas, recursos para el mantenimiento de las casas, etc., etc., etc.
China, por ejemplo, tiene casi la misma densidad de población que Cuba, o sea la misma cantidad de habitantes por kilómetro cuadrado, y sin embargo solo tiene el 12% de tierras potencialmente cultivables y Cuba tiene el 35%. ¿Dónde está la lógica?: en China los mercados agropecuarios y de otro tipo están abarrotados, en los campos no se ve la hierba por ninguna parte, en Cuba los mercados deprimidos con una limitada cartera de productos, hay hierba y marabú por todas partes, sin dudas es un problema de aplicación de la política en este sentido.
El otro día tuve la suerte de participar en un evento sobre el Medio Ambiente auspiciado por la Academia de Ciencias de Cuba, donde un funcionario de ese Ministerio planteó, entre otras cosas, que nuestra tierra no era fértil, que había perdido la fertilidad y él veía con tristeza cómo se compraban productos en el extranjero pudiéndose cultivar aquí, vaya qué criterio: que nuestra tierra no es fértil. Que haya que utilizar fertilizantes no quiere decir que no es fértil, todo depende del grado de intensidad de explotación de la tierra, pues en todo el mundo se utilizan los fertilizantes, incluidos los países a los cuales Cuba compra esos productos.
El desarrollo industrial es otro caso del cual se puede o se debe hablar en otra ocasión, ya no se habla en serio sobre el aumento de la productividad del trabajo, se utiliza como consigna o como palabra tranquilizadora para algunos, pero de lo que se trata es de hacer más con menos, o si no cómo vamos a cumplir la máxima socialista, o su ley fundamental, que es que el socialismo se construye para satisfacer las crecientes necesidades de los trabajadores, pero como dijo Marx, a través del crecimiento incesante y continuo de la productividad del trabajo, eso es su esencia.
A. del Rey

Resultados productivos
Al igual que usted, he escuchado a muchas personas con iguales consideraciones. Me parece que no es tanto la eliminación de la doble moneda, como elevar el poder adquisitivo de los salarios, a donde debemos ir, pues, suponiendo que se pudieran convertir los precios actuales en CUC por su equivalente en CUP ya se eliminaría la doble moneda, pero es el mismo perro con diferente collar. Claro, los precios serían astronómicos y psicológicamente aplastantes¼
Lo fundamental en mi opinión es, y estimo que ha sido la intención de nuestro Estado, buscar una paridad más real y ajustada de nuestro CUC con el USD para posteriormente unificar la moneda, tal y como ocurre en cualquier país del mundo, con su convertibilidad en dólares y demás monedas extranjeras.
Ahora, para ello sería necesario hacer lo que usted plantea, producir más, sustituir importaciones, poner más mercancías para fortalecer el peso cubano, llámese CUP o CUC. Esto es, también, ganar más salarios a partir de mejores resultados económicos y que el primero tenga un sustento real que impida el efecto económico negativo que produce pagar salarios indebidos, como devaluación de moneda, inflación, deses-tímulo al trabajo, etc. Tan desestimulante es pagar bajos salarios, como pagar altos sueldos sin trabajar.
A diversas personas los he escuchado expresar que hace falta subir los salarios a priori, porque los actuales no son suficientes, como condición para elevar las producciones y convierten el tema en el dilema de qué es primero, el huevo o la gallina.
Desde mi punto de vista está claro, económicamente solo se justifica una mejoría del salario a partir de un resultado productivo sostenido y palpable a escala de cada fábrica o establecimiento de servicios. De lo contrario, en un futuro estaríamos hablando o juzgando a los que cayeron en la trampa y se hablará de que en estos tiempos cometimos tales y mas cuales errores, como hacen hoy, en plena práctica forense, muchos hipercríticos cuando alegan indiscriminadamente que los problemas actuales de escaseces en nuestro país se deben a que no aprovechamos la "tubería soviética" que, aunque ha sido reconocido por nuestros dirigentes que despilfarramos bastante, no considero la causa fundamental, pues ningún país puede vivir sin comercio.
Desde esta óptica me pregunto, incrementar los salarios sin respaldo económico, no es otra tubería?
Recuerdo que en la época de la "tubería soviética", existían otros valores y conceptos respecto al trabajo, aunque no dejaba de haber problemas, pero se trabajaba más. Claro, también existían otras condiciones materiales y todo esto está relacionado, pero hace falta rescatar esos valores hoy para dar el salto necesario.
Los efectos de los errores económicos se manifiestan a mediano o largo plazos, y para enmendarlos no son suficientes días o meses, sino años, ya que se deforman conductas, mentalidades, estilos de vida, enfoques, etc.
Es imprescindible tener claro que el pago del salario que hace falta para tener una calidad de vida superior tiene que ser a partir de la producción eficiente, y no al revés. El hombre evolucionó como resultado de su esfuerzo para subsistir: si no cazaba no comía. Aunque en la época primitiva no existía el dinero, la expresión vale para ilustrar el orden en que las actividades deben ocurrir: el trabajo y la subsistencia, para que sea posible la vida del hombre. Recordemos la vieja frase "el que no trabaja no come", primero hay que trabajar para después comer o vestir.
Para terminar, considero que sobre estos temas se debe publicar más y propiciar debates. Sugiero que la prensa sea más activa en este sentido y llegue a las fábricas, empresas, vaya a la calle, donde están esos que no quieren trabajar. No sé si será prudente establecer otra Ley contra la vagancia, pero sí hay que apelar a la vergüenza de las personas y que sientan la presión social para eliminar las conductas que impiden el avance necesario y que solo nosotros podremos lograr, porque nadie vendrá de afuera a hacerlo, además de que no lo queremos.
T. Consuegra 

 

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